Todos los que hemos estado en ventas el tiempo suficiente como para llamarlo nuestra profesión hemos atravesado por un “bache”. Los baches son rachas de malos resultados que no solo repercuten en nuestro bolsillo, sino también en nuestra motivación.
El “no” es algo que podemos sobrellevar, estamos entrenados para eso, pero cuando dejamos que una mentalidad temerosa e insegura se instale, prácticamente nos estamos poniendo una traba a nosotros mismos.
Debemos recordar: una mala racha no define quiénes somos ni nuestra carrera en ventas.
El rechazo no es nuestro enemigo, es parte de nuestro trabajo. El verdadero enemigo es el significado que le damos a ciertos eventos cuando no los apreciamos dentro del gran esquema de las cosas.
El dolor del rechazo
Si no estamos en el estado anímico correcto, somos propensos a tomarnos los “no” de manera personal en lugar de verlos como un gaje del oficio.
Ese supuesto ataque personal nos llena la cabeza de dudas y comienza a fracturar la estructura que hemos construido: preparación, intención y actitud.
Aunque gran parte de la razón por la cual un cliente decide no comprar tiene que ver con nuestra presentación de ventas, no somos el único factor. Esto no lo decimos para bajar la guardia ni volvernos conformistas, sino para adoptar dos premisas esenciales:
– Un rechazo es una oportunidad de aprendizaje.
– El “no” no es personal, es circunstancial.
Si aprendemos a mejorar nuestras circunstancias y las condiciones en las que damos nuestras presentaciones de ventas, veremos resultados más favorables.

Nunca perdamos la motivación
Vender y no vender son parte de nuestro crecimiento profesional. Ambas experiencias están estrechamente conectadas. Por eso, cuando sintamos que estamos perdiendo la motivación, recordemos estos puntos:
1. Redefinamos el “no”. Cambiemos el rechazo por una oportunidad de aprendizaje.
2. Establezcamos un ritual de recuperación emocional. Escribamos, caminemos, respiremos o hagamos algo que nos revitalice.
3. Aceptemos que nuestras metas son flexibles. La vida y las ventas siempre están cambiando.
4. Rodéemonos de personas que nos inspiren. Alejémonos de pláticas fatalistas y negativas.
5. Disfrutemos nuestro trabajo. Celebremos que estamos en la profesión más divertida del mundo.
Conclusión
El rechazo es nuestro maestro, no el plomo que nos hunde. Seamos humildes, pacientes con nosotros mismos y comprendamos la naturaleza de nuestra profesión.
Nuestra transición de vendedores a Maestros Cerradores se mide en ventas, pero también en nuestra capacidad de seguir adelante y reinventarnos cada vez que sintamos que estamos perdiendo la motivación.
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